El concepto de invernadero, entendido inicialmente como un espacio de cuidado, atención y conservación, se convierte en un punto de partida para repensar nuestra relación con el mundo vegetal. Su estructura no contiene la naturaleza, sino que la deja aparecer entre sus límites: plantas silvestres, semillas y elementos naturales se sitúan dentro, fuera y entre sus paredes, generando una relación porosa entre interior y exterior. La instalación funciona así como un espacio liminal donde lo vegetal no aparece como objeto, sino como proceso de latencia, transformación y decaimiento.
El término “Casa Luminosa” encuentra una resonancia particular en una conversación de campo con el cronista de Metepec, Jorge García Ortega, quien relata la figura de Huémac, un sacerdote teotihuacano cuyo faro iluminaba el paisaje nocturno, haciendo visibles lagos, montañas y valles como si fuera de día. Esta imagen introduce una idea fundamental para la obra: la luz no solo como fenómeno físico, sino como una condición que permite que el mundo aparezca. El término náhuatl Petlalcalca, interpretado como “casa luminosa”, articula esta dimensión simbólica, donde la casa deja de ser únicamente un refugio para convertirse en un espacio de percepción y revelación.
La Casa Luminosa (Instalación)
Estructura de madera alder, washi zokei de fibra de algódon, pita y Kozo, plantas secas y semillas.
200 x 360 cm
2026





La Casa Luminosa (Instalación)
Estructura de madera alder, washi zokei de fibra de algodón, pita y Kozo, plantas secas y semillas.
200 x 360 cm
2026